Fortalecer el estado de derecho, significa democratizar la
sociedad y ésto no puede darse sin la participación de todas y de todos, desde
cada espacio que cada grupo establezca como opción. Sin embargo, para ello es
preciso no temerle a los cambios de pensamiento y acción en cuanto a lo que
parece normal, correcto y factible políticamente. Es urgente intercambiar
opiniones y desencadenar procesos que nos permitan superar la semántica política
tradicional, a fin de dotar de nuevo significado, conceptos fundamentales como
participación ciudadana y democracia.
Se trata de decidir sobre el futuro de El Salvador en su
incipiente vida democrática, se trata del bienestar general, del proyecto
humano, del destino de cada sujeto y sujeta y de cada familia, lo cual
ineluctablemente involucra una participación conjunta de mujeres y hombres en la
construcción de una nueva convivencia.
Esa es la forma en que concebimos los procesos democráticos,
puesto que toda sociedad que aspira a promover dicho modelo, debe tener un
reconocimiento consciente de la diversidad, sin sujetarse a modelos
preestablecidos, para ello es necesaria la búsqueda de la cohesión social que
construya consensos básicos sin que ello consista en la pérdida de la identidad,
la autonomía y la creatividad.
Reconocer que El Salvador se encuentra sumergido en una crisis
socioeconómica, política y cultural no significa que todo esté perdido y que nos
encontramos atrapadas y atrapados, sin salida…. por el contrario, tenemos ante
si el reto, el compromiso más grande y hermoso de nuestras vidas: Consolidar la
Paz Social que tanto anhelamos y, consolidar la Paz Social que tanto anhelamos,
implica, deponer la cultura de la violencia para cultivar la Cultura del Diálogo
y la Concertación, a fin de cimentar las bases de un nuevo El Salvador más
comprometido por el respeto de la dignidad humana ante lo cual, los institutos
políticos deben tener la capacidad de recoger las distintas demandas sociales
que se les presenten, prevaleciendo el respeto mutuo en dicha interacción.
Asimismo, deberán promover la cultura cívica como una dimensión
de la acción colectiva a través del respeto por la manifestación responsable de
la ciudadanía, lo cual constituye una premisa fundamental para la transformación
de la sociedad.
No busquemos fantasmas donde no existen y no caigamos en una
cacería de brujas que pueda llevarnos a más dolor y a exacerbar los ánimos.
Sabemos que la violencia, es el mal común que nos persigue con incansable
insistencia, fortaleciendo la intolerancia a las ideas, el irrespeto y el odio
incontenible, la mentira ….la pérdida de valores.
Busquemos el debate productivo que tendrá que ser orientado a
la discusión de otras formas de hacer política que no sean excluyentes ni
verticalistas a la formación de nuevos liderazgos, capaces de generar
alternativas no polarizantes y de crear en la ciudadanía un espíritu crítico y
reflexivo. Solamente así, desechando las barreras mentales que tradicionalmente
han caracterizado el accionar político, podremos decir con propiedad que El
Salvador se enrumba hacia un verdadero proceso de Reconstrucción Nacional.
Hoy como ayer, reiteramos nuestra vocación y compromiso hacia
el respeto de los derechos humanos haciendo un llamado a quienes conformamos
esta nación, a fin de generar un cambio de actitudes en los planos individual y
social que trastoque los esquemas de conducta tradicionales y produzcan un giro
a favor de la Paz para nuestro martirizado Pueblo.
Cierto, nuestro pueblo tiene hambre y sed, pero no de sangre
sino de justicia. Estamos seguras que nadie que se encuentre en su sano juicio,
desea en lo mínimo volver atrás.
Nuestra solidaridad para las familias dolientes y para las
víctimas de la violencia y un recordatorio a nuestra ciudadanía: la desesperanza
es el alimento de la sin razón.
San Salvador 10 de Julio del año 2006
Casa Morada de la Mujer
CEMUJER