|
Redacción
ILJC
Año N° 1 -05/10/06
BEATRIZ EN EL SËPTIMO CIRCULO
Nos sucede con frecuencia que cuando escribimos
sobre nuestros países, especialmente en torno a algunas repúblicas
centroamericanas, nos da la sensación que lo hacemos con animadversión o un
sesgo malévolo premeditado y venal. No es así, nuestras realidades y las
historias son muy tercas, no pueden ser ocultadas por las palabras. Es el caso
del El Salvador, su crecimiento es
porcentualmente el mas bajo de los paises centroamericanos, como también el
crecimiento del ingreso per capita (IPC). Junto a Costa Rica y Guatemala,
comparte las cifras mas altas de exportaciones y su deuda es la mas baja de la
región.
Políticamente, gobernado por Antonio Saca,
de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) que por cuarta oportunidad
accede al poder, después de derrotar al Frente Farabundo Martí para la
Liberación Nacional (FMLN),
en un proceso electoral basado en
una estrategia mediática y la presencia activa de funcionarios y políticos
norteamericanos, según lo afirma el Instituto Centroamericano de Estudios
Políticos (INCEP), auspiciado por la KAS. La situación política y económica
en El Salvador es critica y de algún modo, imprevisible.
Lo contamos ahora, después de haber leído de la pluma del periodista
Héctor Tobar de Los Ángeles Times
una historia, un personaje que puede hallarse en cualquiera de los paises de
ALC, en el pasado, hoy o mañana. La protagonista, una mujer: Beatrice Alamanni
de Carrillo. Es una funcionaria del Estado salvadoreño, es la Defensora del
Pueblo, una entidad pública con rango ministerial, de relativa reciente creación
en El Salvador. Un país en donde la actuación legal, es la excepción. A ella se
dirigen, todos los días, cientos de ciudadanos salvadoreños, madres, hijos,
trabajadores, estudiantes, dirigentes, entre otros, a contar sus historias
kafkianas, que esta abogada de 62 años debe ayudar a resolver o por lo menos
escuchar y denunciar. Debe atender a los pobres y desvalidos, en un país donde
hacerlo, es una traición al status quo y porque no, exponerse a una sentencia de
muerte de algún tribunal clandestino. Y no es broma o simple retórica, hay que
ser salvadoreño para conocer a Los Maras, una pandilla asesina importada
desde Los Ángeles. Beatrice, descendiente de italianos, intenta - a veces
vanamente, proteger a las victimas del insufrible sistema judicial de su
país.
La Alamanni, trabaja con muchos abogados jóvenes,
mal pagados y expuestos a grandes peligros, incluso para sus vidas. Junto a esta
muchachada justiciera, después de
escuchar denuncias, maltratos, agresiones, muertes y otros horrores, lo único
que pueden ofrecer, para ayudar, es denunciar. Y lo hacen, a pesar de las
antipatías que despiertan en la clase política nacional, captan la atención de
los medios, exponen los casos y las causas que producen escozor en la política
oficial. Al parecer los noticieros nocturnos de la TV salvadoreña son un seguro
de vida. Todos estos riesgos porque El Salvador, a pesar de la superación del
estado de violencia generalizada, que imperaba en el territorio hasta hace 10
años, es hoy, todavía, un país fracturado y fragmentado. La violencia es el eje
de la vida cotidiana, a Los Maras se suman escuadrones de la muerte,
traficantes de drogas y una delincuencia in crescendo, y mas pandillas,
que hacen inútil cualquier política por controlarlas, menos cuando resultan
funcionales a una dinámica de poder
excluyente. La corrupción que ha penetrado a las fuerzas policiales, es
muy grave por lo generalizada,
según la Allamanni. Los lazos entre ellas y el crimen organizado son
frecuentes, las prisiones están en manos de oficiales que tienen un pasado muy pesado. No se castiga a nadie
y por el contrario se persigue y acosa a los colaboradores de la defensora del
pueblo. Es el caso de dos abogados, que trataron de impedir la deportación de un
dirigente sindical con tenía doble nacionalidad, ecuatoriano-salvadoreño. El
arresto de ambos fue inevitable. Muchas veces, los que representan la ley y
gestionan justicia para sus causas, deben hacerlo, por simple previsión
–siempre- acompañados por alguien, porque algo les puede
pasar, confiesa la abogada Griselda González, 28 años y vive al filo de la navaja por
550 dólares que paga el Estado. En una oportunidad, Beatrice Alamanni, muy de
madrugada, recibió una llamada de un canal de TV preguntándole si aún estaba con
vida. La noticia de su muerte era un primicia, al parecer, difundida por la
policía.
¿Porqué creer esta historia?. ¿Por qué hacer casi
una apología de una burócrata, tal vez carismática, mediática e histriónica?.
Si, es difícil desde tan lejos verificar todo lo que hemos leído en la red. Y es
difícil creerlo. Pero, hay algo que nos ha dado certidumbre de que nuestro
personaje no es una mujer, es una gran mujer. La tarea que hace hoy requiere de
valentía y mucha. Ella es hoy
victima de la vieja estrategia de demolición, que se aplica a todos los que son
incómodos al poder. Para ellos hay un programa con el objetivo de denostarlos,
ridiculizarlos, frivolizarlos. Suficiente para validar una historia. Veamos lo
que dicen de ella.
Que es una loca. Una aristocrática con ansias de
figuración, que se ha pintado los ojos cual Cleopatra. Dipsómana, que gusta de
vestirse elegantemente con joyas de tamaño descomunal y colores repulsivos. Que
es madrina de las bandas, de los criminales porque reclama sus derechos y no de
los policías. Extranjera
presuntuosa. El Presidente es gentil pero los ministros la censuran y las
autoridades judiciales como que le ofrecen hospitalidad. Y mucho mas.
A Beatriz no la llevó Dante al infierno,
ella quiere acercarse para apagar los sufrimientos. La acompañamos. Que siga tan
valiente y que no deje de utilizar los medios para su noble causa.
Publicado en jirón Huancavelica 320 . Cercado de Lima – Perú. Comunicaciones : ijc@felatracs.org / ijcfelatracs@yahoo.es
|